La hora de la familia

“La familia, en los tiempos modernos, ha sufrido, quizá como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura.”

Creemos que podemos decir, con justicia, que para la Iglesia, después de “La hora de los laicos”, ha sonado “La hora de la familia”

En Efecto, el Concilio Vaticano II, ya se manifestó preocupado por la pastoral familiar

“el bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar”

La Iglesia y la familia

La Iglesia Latinoamericana en Medellín (1968), habló de la familia“con términos densos y apremiantes”. Les señaló, una meta con tres dimensiones: que fuesen educadoras en la fe, formadoras de personas y promotores del desarrollo. Medellín subraya también, los graves obstáculos que las familias encuentran para cumplir con su cometido, e insiste en la atención prioritaria que la Iglesia ha dé dar a las familias de nuestro continente.
También en Puebla, en reunión con los Obispos de América Latina, Juan Pablo II señaló a la familia junto con las vocaciones y la juventud, como tema de “gran importancia” para su reflexión

“Haced todos los esfuerzos para que haya una pastoral familiar. Atended a campo tan prioritario, con la certeza de que la iglesia doméstica, es la escuela del amor, del conocimiento de Dios, del respeto a la vida y a la dignidad del hombre”

Carta a las familias

Juan Pablo II, Febrero 2 1994

Mediante la Familiaris Consortio, el Papa, empieza citando unas palabras que publicó al comienzo de su ministerio Petrino: “El hombre es el camino de la Iglesia es conveniente que ella lo acompañe”. Ahora subraya cuan vivo y profundo es el deseo de la Iglesia de acompañar en recorrer los caminos de su existencia terrena. Nos dice:

“La Iglesia toma parte en los gozos y esperanzas, tristezas y angustias del camino cotidiano de los hombres, persuadida plenamente que Cristo mismo es quien la conduce por estos senderos: Éles quien ha confiado al hombre a la Iglesia y lo ha confiado como camino de su misión y de su ministerio

La familia, camino de la iglesia

Entre los numerosos caminos de la iglesia, la familia es el primero y el más importante. Es un camino común, aunque particular, único e irrepetible, como irrepetible es todo hombre, un camino del cual no puede alejarse el ser humano.
Sabe, además, que normalmente el hombre sale de la familia para realizar, a su vez, la propia vocación de vida en un nuevo núcleo familiar. La familia es su horizonte existencial como comunidad fundamental sobre la que se apoya toda la gama de sus relaciones sociales, desde las más inmediatas y cercanas hasta las más lejanas.
La familia tiene su origen en el mismo amor con que el Creador abraza al mundo creado, como está expresado en el principio del libro del Génesis 1, 1. Y Jesús ofrece una prueba suprema de ello en el Evangelio “tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único”(Jn. 3, 16) el Hijo unigénito, consubstancial al Padre, “Dios de Dios, Luz de Luz”, entró en la historia de los hombres a través de una familia “el Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo con todo hombre. Trabajó con manos de hombre…, amó con corazón de hombre. Nació de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante, menos en el pecado.
El misterio divino de la encarnación del Verbo está, pues, en estrecha relación con la familia humana. No solo con una, la de Nazaret, sino, de alguna manera, con cada familia, análogamente en cuanto el Concilio Vaticano II afirma del Hijo de Dios, que en la encarnación “Se ha unido, en cierto modo, con todo hombre”.
Siguiendo a Cristo “Venido” al mundo “para servir” (Mt. 20,28), la Iglesia considera el servicio a la familia como una de sus tareas esenciales. En este sentido, tanto el hombre como la familia constituyen “el Camino de la Iglesia”.

Valor y eficacia pastoral

En E.C.I.A.P. existe conciencia de nuestras posibilidades y limitaciones. No tenemos respuesta a todas las causas de desintegración familiar, provocadas por factores externos; sin embargo, en los factores internos tenemos posibilidades de éxito, que transmitimos a los matrimonios.
En un análisis de las causas de la desintegración familiar, encontramos factores externos a la familia y otros que se originan en el seno mismo de la familia.
El Sínodo y la Familiaris Consortio, señalan entre los:

  1. Factores externos:
    1. Factores sociales: la permisividad que con facilidad acepta el divorcio, el aborto, el secularismo que nos encierra en el pequeño horizonte terreno, sin apertura a Dios y a lo trascendente, la deshumanización y soledad de las grandes ciudades, etc.
    2. Factores económicos: la extrema pobreza de millones de familias del tercer mundo que carecen de los medios fundamentales para la supervivencia, como son el alimento, trabajo, vivienda, medicinas.-junto al excesivo bienestar y mentalidad consumiste de los países ricos y ciudadanos ricos de los países pobres, que paradójicamente, les lleva a una cierta angustia e incertidumbre hacia el futuro. (F-C. N° 6).
    3. Factores políticos: legislaciones contrarias a la familia; falta de respeto a los sacerdotes, a la familia.
  2. Factores internos:
    1. Las falsas expectativas con las que se inicia el matrimonio y se vive la vida familiar.
    2. La indolencia: se quiere tener una buena familia sin esfuerzo.
    3. La incomunicación o una comunicación inadecuada, que origina la soledad y la frustración.
    4. El egoísmo, exige todo para sí mismo y se niega a darse a conocer ya pensar en los demás.

El Encuentro es un privilegio para los esposos que lo viven. Reciben en poco tiempo diferentes pláticas, vivencias sobre la vida conyugal, motivación para conquistar su armonía e integración; métodos prácticos para la comunicación profunda, para reconocer actitudes egoístas y sus consecuencias para la familia; la posibilidad de una vida mejor; con la belleza y felicidad que da el amor.